Una reflexión que nos involucra

Una reflexión que nos involucra

Por Manuel Vólquez
Hace unos meses mi apreciado colega Cheo Tejada me envió a mi WhatsApp un excelente mensaje que compartiré con ustedes en el entendido de que se trata de una reflexión que ata a todos los seres humanos que temen abandonar este mundo en cualquier momento.

Además, constituye un alivio para todos los que estamos sometidos a diario a presiones extremas fruto de los problemas económicos, sociales y políticos, que nunca vemos solucionados y que nos ocasiona el fatídico estrés que termina con nuestra existencia mediante las horribles enfermedades catastróficas.
Se trata de un consejo del fenecido poeta, escritor y cantautor argentino Rodolfo Enrique Cabral

Camiñas, en principio conocido artísticamente como Indio Gasparino y después como Facundo Cabral.
Este versátil intelectual, autor de temas inolvidables como “No soy de aquí ni soy de allá”, “Vuele bajo”, “Este es un nuevo día”, y otros éxitos, hace una magnífica descripción del significado de la vida y aconseja vivir el presente en razón de que nadie sabe qué existe después de la muerte.
Facundo Cabral fue asesinado el 9 de julio de 2011 por varios sicarios en un “confuso incidente” en la ciudad de Guatemala que lo habrían confundido con otra persona, mientras agotaba una gira artística. Es lo que se ha dicho.

Veamos a continuación cuál era el significado de la vida para este recordado embajador de poesía cantada:
“La vida no te quita cosas: te libera de cosas… te alivia para que vueles más alto, para que alcances la plenitud.

De la cuna a la tumba es una escuela; por eso, lo que llamas problemas, son lecciones.
No perdiste a nadie: El que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además, lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón.

No hay muerte… hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Miguel Ángel, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuelo y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas y nos aleja, porque nos hace desconfiados.
Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perusa, los mares, ríos y cataratas, los boleros de Manzanero y diversidad de música, las poesías de Whitman; entre tantas maravillas.

Y si tienes cáncer o sida, pueden pasar dos cosas y las dos son buenas: si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto (tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas)… y si le ganas, serás más humilde, más agradecido… por lo tanto, fácilmente feliz, libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente, como debe ser.

No estás deprimido, estás desocupado.
Ayuda al niño que te necesita, ese niño que será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas.

Además, el servicio es una felicidad segura, como gozar de la naturaleza y cuidarla para el que vendrá.
Da sin medida y te darán sin medida. Ama hasta convertirte en lo amado; más aún, hasta convertirte en el mismísimo Amor. Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas.

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