La Tercera Batalla

La Tercera Batalla

Balbina Negreira

Cada presidente quiere dejar huellas por su paso ante su gestión del Estado.  Hemos visto como en Latinoamérica se utiliza las figuras de conquistadores, de líderes políticos, de referentes ideológicos, de héroes de guerra, de dictadores y de reeleccionista.  Familiarizándonos con nombres como Simón Bolívar, El Che Guevara, Hugo Chávez, Daniel Ortega, Fidel Castro, Evo Morales, Francisco Caamaño Deñó, José Francisco Peña Gómez, Juan Bosch, Joaquín Balaguer, etc., entre otros liderazgos políticos que ejercieron o ejercen una gran influencia política en la región.

Sentí la voz de un vendedor explicándome los objetivos logrados en esta su nueva “batalla” la cual está siendo exitosa y que fue necesario continuar, esto es, reelegirse. Por lo que, es de suponer, que los países subdesarrollados tienen una tarea para largo tiempo en ponerse en sintonía-más o menos-con el mundo del siglo 21, y dejándonos a entrever de que la “batalla” habrá que continuarla en el 2020…

 

Recurriendo a los Padres de la Patria y envuelto en un lenguaje de cifras, números, porcentajes, decimales, fue llevándome apaciblemente por los recuerdos de las matemáticas que se me dan fatal. A la vez, mi mente viajaba por   las calles inseguras de mi país, la violencia en todas sus formas como una cotidianeidad, la corrupción pública y los políticos corruptos que siguen con su honor en alto lidiando la “cosa pública”.

 

Como sonámbula me llevó a un país llamado república digital, allí rodeadas de ordenadores pude darme cuenta de que no había dónde alimentarlos. Quedando mi república digital hecha añico porque no tuve la previsión de primero asegurarme de que hubiera energía eléctrica antes de comprármelo.

 

Floté por las calles, por las avenidas, por los bulevares, tropezándome con las cabinas de teleféricos que cuelgan como cortinas en algunas viviendas aledañas. Con mi vestido de princesa y mis alas decoradas con   emoticonos visualicé las destartaladas casuchas aisladas de las viviendas y que en inglés se le llama por la sigla WC, basuras amontonadas e insectos intentado morder mi piel me turbaron dándome la vuelta y decidiendo bajar a tierra para poner mis pies en ella.

 

Fue entonces cuando no sé cómo me amputaron mis alas y me robaron el zapato del pie izquierdo. Turbada pensé que ese día no era bueno para pisar la república digital. Entre llantos, un policía se me acercó diciéndome que si le daba “para la comida de eses día” él me ayudaría a recuperar mi zapato. Confiada, me dije: claro, ¡la justicia!, me ayudará…entonces, animosamente frente al juez le expuse mi caso.

 

Salí desconsolada de aquel lugar,  y con los nervios deshechos pensé que me ayudarían en urgencias, tenía picaduras de insectos por casi todo mi cuerpo y hambre(quizá el fogón ambulante  del Plan Social de la  Presidencia me daba comida caliente y casera), y sin alas no podía continuar el camino, así que me encaminé hasta el hospital, y empapada de lágrimas les dije lo que me pasaba, extendiéndome una receta para que fuera a la parafarmacia a comprarme  clínex  y  me secara las lágrimas, también  que los disculpara que es que están realizando  ajustes técnicos  probando la república digital para la tercera batalla a librar…

Desalentada acudí con mi cuento para otro lado, pero, mientras, pensé en probar suerte en la vida terrenal convirtiéndome en una mujer de-carne y hueso-me dije, ¡voy a exigir mis derechos!, fue entonces cuando a la república digital le entró un virus llamado invasión, aunque un señor llamado Narso, se ha cansado de explicarlo en español e inglés de que no se llama invasión ni nos están invadiendo. Ahora una encuesta realizada dice que no son tantos las y los afrodescendientes vecinos.

 

Sin posibilidades para exigir mis derechos como mujer y con uno de mis pies descalzo continúo cojeando y atenta para que no me quiten la suerte del pie derecho, pero en eso tropiezo con afiches verdes que dicen “Fin de la Impunidad y la Corrupción”, al parecer, algo que tiene que ver con Brasil y República Dominicana, por lo que sabe hay un follón internacional llamado Odebrecht.

Hambrienta, ya que los fogones ambulantes no estaban disponibles porque hoy no había escuela que inaugurar y sintiendo que me hacía falta ducharme, decido andar en busca de agua para asearme los pies y liberarme del cansancio. Pero no se ven grifos o llaves públicas ni veo un parque a donde sentarme a descansar, entonces me acuerdo lo que me pasó con el zapato izquierdo, – ¿quién lo tendrá? Me quedo tranquila porque al ser una república digital de seguro lo encontrarán extraviado en Google.

 

Estoy cansada, y mi príncipe de la república digital no viene a rescatarme y es casi el año millón 20. Decido entonces enterarme de qué es eso de democracia de calle, constituyente, juicio político, y demás rollos jurídicos. El proyecto de ley de partidos políticos y electoral lo tiré por el váter…

Madrid, España.

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