Dudas sobre el infierno y Jesús

Dudas sobre el infierno y Jesús

Por Manuel Vólquez

Dos temas muy interesantes surgieron durante el largo asueto de la Semana Santa. El primero fue comentado por el Papa Francisco quien asegura que “no existe un infierno en el que sufren las almas de los pecadores para toda la eternidad”. El segundo, los cuestionamientos sobre la verdadera identidad física de Jesucristo.

El jefe de la Iglesia Católica emitió esas consideraciones en una entrevista con el diario italiano La Repubblica publicada el jueves Santo en la cual expresaba que tras la muerte, las almas de las personas que se arrepienten reciben el perdón de Dios y se suman a quienes lo contemplan, pero “aquellos que no se arrepienten y por tanto no pueden ser perdonados, desaparecen”. “El infierno no existe; lo que existe es la desaparición de las almas pecadoras”, añade el Pontífice, según una publicación reseñada por el portal Mnsnoticias.

Comparto esa opinión. Pienso que tampoco existe la “Gloria ni el Paraíso”. Esos son conceptos bíblicos fabricados por los mentores del cristianismo para infundirle terror al hombre, alejarlo de la tentación de cometer actos indebidos y obligarlo a obedecer ciegamente los mandatos de la Divinidad Suprema.

En cuanto a las dudas sobre el aspecto real de Jesucristo, del Jesús histórico de que tanto predican los cristianos, algunos historiadores consideran que probablemente era de tez morena, bajito y mantenía el cabello recortado, como los otros judíos de su época.

La Biblia no hace ninguna descripción de su fisonomía. Soy un acucioso lector y crítico de ese legendario texto y no he visto nada al respecto. Sin embargo, las iglesias están repletas de efigies de Jesucristo descrito como un hombre de ojos azules, bien parecido, color blanco, pelo largo y lacio. Es como un Sex Simbol que derrite los corazones a millones de mujeres en el mundo.

Los historiadores interesados en saber la real identidad del llamado Hijo de Dios coinciden en que la dificultad para saber cómo lucía Jesús viene del mismo origen del cristianismo: el Nuevo Testamento, la parte de la Biblia que narra la vida de Jesús, no hace ninguna descripción de su aspecto.

“Los evangelios no lo describen físicamente, no dicen si era alto o bajo, guapo o fuerte. Lo único que dicen es su edad aproximada, unos 30 años”, comenta la historiadora neozelandesa Joan E. Taylor, autora del nuevo libro “¿What Did Jesús Look Like? (¿Cómo lucía Jesús?) y profesora del Departamento de Teología y Estudios Religiosos del King’s College de Londres, Reino Unido.

La profesional llegó a conclusiones similares sobre la fisonomía de Jesús: “Los judíos de la época eran biológicamente similares a los judíos iraquíes de hoy en día, así que creo que (Jesús) tenía cabello marrón oscuro a negro, ojos castaños, piel morena, un hombre típico de Oriente Medio”, afirma. Esta investigadora cree que las imágenes que se han usado a lo largo de los siglos siempre han intentado retratar al Cristo, es decir, a la figura divina, de hijo de Dios, y no al Jesús humano.

El historiador André Leonardo Chevitarese, profesor del Instituto de Historia de la Universidad Federal de Río de Janeiro y autor del libro “Jesús Histórico: Una brevísima introducción “, afirma que esta ausencia de datos es muy significativa y parece indicar que los primeros seguidores de Jesús no se preocupaban por tal información, que para ellos era más importante registrar las ideas que decir cómo era físicamente”. Este autor dice que las primeras iconografías conocidas de Jesús, que datan del siglo III, lo muestran como un joven imberbe y de cabello corto y “parecía más un joven filósofo, un profesor, que un dios barbudo”.

En el 2001, el experto forense en reconstrucciones faciales británico Richard Neave utilizó sus conocimientos científicos para alcanzar una imagen cercana a la realidad. A partir de tres cráneos del siglo I, de antiguos habitantes de la misma región donde Jesús habría vivido, él y su equipo recrearon, utilizando modelado 3D, un rostro típico que muy bien pudo haber sido el de este personaje.

Destaca que los esqueletos de judíos de esa época muestran que la altura media era de 1,60 metros (5 pies y 3 pulgadas) y que la gran mayoría de hombres pesaba poco más de 50 kilos (110 libras).

El diseñador gráfico brasileño Cícero Moraes, especialista en reconstrucción facial forense, creó una imagen científica de Jesucristo a pedido de la cadena de televisión BBC Brasil. Comenta que “(Jesús) ciertamente era moreno, considerando la tez de personas de aquella región y, principalmente, analizando la fisonomía de hombres del desierto, gente que vive bajo el sol intenso”.

La investigadora Wilma Steagall, profesora de la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo y miembro de la Sociedad Brasileña de Teología y Ciencias de la Religión, señala que “en el centro de la iconografía paleocristiana, Cristo aparece bajo diversas representaciones: con barba, como un filósofo o maestro; o imberbe, con un rostro apolíneo, con túnica, con el semblante del dios Sol o de humilde pastor”.

La representación de Jesús barbudo y peludo surgió en la Edad Media, durante el auge del imperio Bizantino. Como recuerda el profesor Chevitaese, la figura de Cristo empezó a mostrar a un ser invencible, semejante físicamente a los reyes y emperadores de la época.

“En las iglesias católicas de Oriente, la imagen de Cristo debe seguir una serie de reglas para que transmita esa otra percepción de la realidad del personaje. Por ejemplo, lleva la cabeza en alto, con arrugas entre los ojos que sugieren sabiduría y la capacidad de ver más allá del mundo material”, agrega el historiador y sociólogo Ribeiro Neto.

 

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