Adiós a un embajador de la ciencia

Adiós a un embajador de la ciencia

Por Manuel Vólquez

El astrofísico británico Stephen Hawking, mente brillante y extraordinaria que desafió las expectativas de una muerte temprana para convertirse en el científico más popular del mundo, falleció recientemente,  a los 76 años, en la ciudad universitaria inglesa de Cambridge.

Nació un 8 de enero de 1942, un día de la muerte de Galileo Galilei, y murió un 14 de marzo, día del nacimiento de Albert Einstein. ¿Qué les parece esa coincidencia?

Su libro “Historia del tiempo”, publicado en 1988, se convirtió en un superventas y lo catapultó al estrellato. Aunque nunca ganó el premio Nobel, era más célebre que cualquiera de los que lo hicieron.

El hombre que nunca creyó en Dios y que aseguraba que la ciencia siempre gana a la religión porque funciona, fue homenajeado también por el Vaticano. Les dijo a los cuatro papas que conoció que quería fortalecer la relación entre la fe y la razón científica.

Desafió las predicciones de los médicos, que, a mediados de los años 1960 le dieron sólo un par de años de vida después de que le diagnosticaran una forma atípica de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad que ataca a las neuronas motoras encargadas de controlar los movimientos voluntarios y que lo dejó en silla de ruedas.

Este diagnóstico le fue dejando progresivamente paralizado, hasta el punto de que solo podía comunicarse a través de un ordenador que interpretaba sus gestos faciales, gracias al único músculo que controlaba, el de la mejilla.

Gran parte de sus trabajos se centraron en unir la relatividad (la naturaleza del espacio y del tiempo) y la teoría cuántica (la física de lo más pequeño) para explicar la creación y el funcionamiento del cosmos.

“Mi objetivo es simple; es entender completamente el universo, por qué es como es y por qué existe, simplemente”, dijo una vez. Era considerado por sus alumnos universitarios como muy divertido porque tenía un gran sentido del humor.

Hawking fue un ardiente defensor de la teoría del Big Bang para explicar el origen del Universo. Sus investigaciones se profundizaron sobre la base de  que “los agujeros negros” en el espacio emitían radiaciones, de ahí que los científicos conocen esa teoría como  “La radiación Hawking”.

Los agujeros negros fueron nombrados así porque se creía que eran tan densos que ni siquiera la luz podía escapar de ellos, pero Hawking sostuvo que algunas partículas sí podían huir por los efectos de la mecánica cuántica.

Su popularidad le llevó a realizar apariciones en series de televisión como “Star Trek (Viaje  a las Estrellas)”, donde apareció jugando a póquer con Albert Einstein, Isaac Newton y el androide personaje de la serie Data en “The Big Bang Theory (Teoría del Big Bang)” y en “The Simpsons (Los Simpsons)”, y su voz apareció en una canción de Pink Floyd.

Debido a su cerebro privilegiado y sus grandes aportes a la investigación científica, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), lo bautizó como “Embajador de la Ciencia”.

Este hombre era poseedor de una profunda visión de las cosas, y de futuro, más allá de lo que pudiera interpretar el más común de los Homo Sapiens.

Pero también debemos resaltar que fue un ejemplo de perseverancia de continuar viviendo, por encima de su precaria salud, para servirle a la humanidad. Es una pena que haya muerto. Fue un cruel final.

¡Descanse en Paz, Señor Embajador!

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